¿Feliz 2016?

Download-Free-Happy-New-Year-2016-3D-Wallpapers-3

Las acostumbradas proclamas y designios de prosperidad y felicidad para este 2016 quedan ya atrás, y la realidad continúa inexorable sin entender de buenos deseos. Las predicciones de organismos gubernamentales como el FMI siempre son demasiado optimistas y terminan incumpliéndose. Fue así cuando pronosticó un crecimiento global del 3,5% en 2015 y es muy probable que se vuelva a equivocar este 2016. Entre 2003 y 2007, el comercio mundial aumentó un 8% anual y se convirtió en un motor del crecimiento del PIB, que lo hizo a una media del 4,5%. Actualmente, en cambio, el comercio internacional se ha ralentizado. Crece sólo el 2% anual, aproximadamente lo mismo que la producción mundial.

Las devaluaciones competitivas y las políticas de empobrecimiento del vecino (beggar thy neighbour) o de defensa de la producción nacional han dañado la confianza internacional. La drástica reducción del comercio, mediante las tarifas arancelarias de la ley Smoot-Hawley, fue una de las causas que empeoró el crack de 1929, lo convirtió en una gran depresión internacional y dificultó la recuperación. Si bien es cierto que, con la crisis de 2008, se ha evitado, de momento, establecer aranceles unilateralmente, no lo es menos que las políticas monetarias ultraexpansivas de depreciación de la moneda y la protección de los mercados oligopolísticos nacionales han creado un clima de incertidumbre y desconfianza que perjudican el libre comercio y posponen la salida definitiva de la crisis.

La productividad crece lentamente (ver los trabajos de Robert Gordon, Northwestern University) y los tímidos avances se distribuyen de manera muy desigual entre la población. Una minoría vinculada al sector financiero y los monopolios protegidos por el Estado mejoran sustancialmente, mientras que una mayoría permanece atrapada en un bucle sin salida de trabajos precarios y sueldos submileuristas. La debilitada clase media se va reduciendo y la sociedad se polariza.

China, una pieza central del comercio mundial, que inundaba el mundo con exportaciones baratas y ejercía al mismo tiempo una fuerte demanda importadora, está sufriendo una fuerte desaceleración y el pinchazo de su burbuja amenaza con crear nuevas turbulencias financieras internacionales. La paulatina subida de los tipos de interés en EE.UU. significará la movilización masiva de muchos capitales que, buscando el rendimiento más elevado, desestabilizarán las economías emergentes.

Tampoco Europa, a pesar del buen liderazgo de Alemania, está en mejor situación. Los ataques terroristas y la crisis de los refugiados están reintroduciendo los controles fronterizos entre Estados, convirtiendo los acuerdos de Schengen en papel mojado. La radicalización política, tanto por la derecha (Frente Nacional neofascista de Marine Le Pen) como por la izquierda (Podemos y Syriza neomarxistas de Pablo Iglesias y Alexis Tsipras), amenaza con romper la UE. El descontrol financiero de Grecia volverá a poner sobre la mesa la posible disolución del euro, sin olvidar que Gran Bretaña tiene pendiente una votación para salir de la UE.

Las crisis financieras, inherentes a un sistema de planificación monetaria centralizada mediante los Bancos Centrales, no son fáciles de solucionar. Los errores cometidos durante la etapa de euforia son tan brutales, que hay que liquidar muchas inversiones erróneas y sanear la deuda contraída para volver a empezar de manera saneada (justamente lo que están haciendo las familias y las empresas, pero no el Estado). Se ha sometido la economía a un proceso muy intenso de alcoholización y hay que romper la dependencia etílica. Desgraciadamente, los gobiernos no lo entienden así, y optan por pretender la curación a base de más alcohol y más droga, esto es, más creación de moneda a interés cero y más deuda pública. Peor que eso, los políticos son cautivos de los intereses creados y del statu quo. En palabras de Jean-Claude Juncker, ¿qué político volvería a ganar unas elecciones si adoptara las medidas necesarias de rigor fiscal y monetario? Para recuperarse del crack de 1929 fueron necesarios 17 años (incluida la Segunda Guerra Mundial). Nada hace prever que, después de 8 años de haber iniciado la gran recesión de 2008, podamos darla por concluida este 2016.

Advertisements
  1. Encara no hi ha cap comentari.
  1. No trackbacks yet.

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s

%d bloggers like this: