Pàgina d'inici > Economia, Jordi Franch Parella > China y el trilema de la macroeconomía

China y el trilema de la macroeconomía

dt.common.streams.StreamServer

La tormenta financiera que ha sacudido el mundo en los últimos días parece haber amainado, aunque las bolsas mundiales continúan en pérdidas importantes. Es una calma relativa y pasajera que seguramente durará poco, porque los desequilibrios estructurales son importantes y siguen sin corregirse. Hemos comentado en artículos anteriores los efectos devastadores de las políticas monetarias ultraexpansivas orquestadas por los principales bancos centrales, bajo el liderazgo destacado de EEUU. China y las economías emergentes han chocado con lo que se conoce como el trilema de la macroeconomía. En un entorno de economías abiertas es imposible conseguir simultáneamente la estabilidad del tipo de cambio, la autonomía de la política monetaria y la perfecta movilidad de capitales. Los países tienen que sacrificar necesariamente uno de los tres objetivos.

La estabilidad del tipo de cambio es deseable por la certeza que introduce en las transacciones internacionales y por ser un posible mecanismo de estabilidad de los precios y de lucha contra la inflación. La autonomía de la política monetaria es necesaria para dar respuestas particulares a problemas específicos de cada país. Así, los países con problemas de recesión requieren tipos de interés reales bajos para reactivar sus economías, mientras que los países en expansión necesitan intereses reales más elevados para frenar la actividad económica. La perfecta movilidad de capitales, por otra parte, permite una asignación más eficiente del ahorro y la inversión internacionales, y también permite a los países pobres con escasez de ahorro nacional captarlo del exterior.

Un ejemplo de país que opta por un tipo de cambio flexible y renuncia a la estabilidad del tipo de cambio, con perfecta movilidad de capitales y autonomía de la política monetaria, es EEUU. Los países de la eurozona, en cambio, renuncian a la soberanía de la política monetaria al integrarse en la moneda única europea. ¿Y cuál es la situación de China? China, hasta ahora, ha sacrificado la perfecta movilidad de capitales mediante controles gubernamentales, optando por la autonomía de la política monetaria y la estabilidad de su moneda o renminbi (con respecto al dólar). La política monetaria ultraexpansiva impulsada por la Reserva Federal de EEUU ha generado una enorme expansión del crédito en China, generando burbujas, masivas inversiones erróneas y excesos de producción en la industria básica más alejada de los bienes de consumo. La capacidad productiva de acero de China, por ejemplo, supera la producción de EEUU, Rusia, India y Japón juntos. Tanto la devaluación del renminbi como la pérdida de reservas de China pueden hacer reaparecer los desequilibrios globales y reactivar la tormenta financiera.

Una solución a este importante problema mundial sería el retorno al patrón oro. Por definición, en este sistema el tipo de cambio es fijo, pero ajustable, al quedar definida cada moneda en términos de unidades físicas de oro. Históricamente, por ejemplo, 20 dólares equivalían a una onza de oro (aproximadamente 30 gramos). Asegurar la estabilidad del tipo de cambio no sólo reintroduciría orden y confianza en los mercados internacionales, sino que solucionaría el trilema macroeconómico, permitiendo la libre movilidad de capitales y asegurando la automatización y la coordinación internacional en la gestión de la política monetaria. El patrón oro no es ninguna reliquia del pasado, sino que ha sido la normalidad histórica a lo largo de los siglos. La decisión de Nixon, el 15 de agosto de 1971, al declarar la inconvertibilidad del dólar en oro, sí supone una excepcionalidad histórica que debería revertirse con carácter urgente.

El problema es que no podemos esperar que los EEUU lo hagan por voluntad propia. ¿Quién renunciaría al enorme privilegio de controlar la imprenta monetaria más importante del mundo? Sería como hacerse el harakiri. Es aquí cuando un euro, bien gestionado, tendría su oportunidad. Un control férreo y germánico de la moneda europea podría comportarse, en la práctica, como un pseudo-patrón oro y disciplinar las políticas monetarias de muchos países, no sólo europeos. Si las autoridades chinas fijaran el renminbi en términos de un euro sólido y estable, Europa y China, todos, ganarían. El marco monetario recuperaría una cierta estabilidad, China podría estabilizarse y la decadente Europa recuperar un poco de esperanza y dinamismo, reactivando los intercambios comerciales con el gigante del Lejano Oriente.

Advertisements
  1. Encara no hi ha cap comentari.
  1. No trackbacks yet.

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s

%d bloggers like this: