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El fútbol, opio del pueblo

Esta semana se ha conocido que la deuda pública de España ha superado el 100% del PIB (1,1 billones de euros), el nivel más elevado desde 1909. Alcanzar esta cifra era cuestión de tiempo, ya que, desde el inicio de la crisis en el año 2008, el incremento del endeudamiento público ha sido de 700.000 millones o, lo que es lo mismo, 250 millones diarios. Si cada ciudadano español (incluida la población no activa) cargaba sobre sus espaldas, en 2007, con 8.890 euros, la factura per cápita de la deuda es ahora de 24.000 euros. Y todo indica que seguirá aumentando.

Al mismo tiempo, la formación de esta burbuja tan letal en una coyuntura de crisis multifactorial coincide con una brutal demostración de fuerza del fútbol hispano, que sigue sumando triunfos continentales. Así, el Sevilla conquistó por tercera vez consecutiva la Europa League superando al Liverpool, y uno de los dos equipos de Madrid ganará la Champions el próximo 28 de mayo en el estadio Giuseppe Meazza de Milán, en la repetición de la final de hace dos años. De las últimas 19 finales de la máxima competición continental, 9 han tenido como ganador un equipo español (4 o 5 el Real Madrid, 3 el FC Barcelona y 0 o 1 el Atlético de Madrid). Que dos equipos de la misma ciudad disputen la final de la Champions tampoco tiene precedentes.

La simultaneidad de la profunda crisis social y económica con la eclosión triunfal del deporte rey no es pura coincidencia. El fútbol, como el circo de la antigua Roma, actúa como narcótico social. Va mucho más allá de ser un juego (bastante sucio) o el entretenimiento popular por excelencia. Se ha convertido en el nuevo opio del pueblo. Los escándalos de corrupción política se hacen invisibles cuando millones de telespectadores enloquecen ante las pantallas, abducidos por las habilidades con la pelota de sus ídolos deportivos. Parece mentira, pero dos docenas de jugadores persiguiendo el esférico logran hipnotizar la población en un ejercicio de alienación colectiva.

Y esto sirve al Estado, que no reclama el pago de la deuda millonaria de los clubes de fútbol a la Hacienda Pública y la Seguridad Social. También ayuntamientos y comunidades autónomas subvencionan directamente sus clubes, contribuyendo con ello un poco más al endeudamiento y al desajuste fiscal. Por no entrar en los apoyos a los clubes por parte de las televisiones sufragadas con fondos públicos o en las recalificaciones de los terrenos deportivos que reportan plusvalías millonarias. El fútbol no es únicamente el reflejo del bajo nivel intelectual de un pueblo. El fútbol desvía la atención de las preocupaciones colectivas y sus jugadores, a menudo analfabetos funcionales, acumulan fortunas y se convierten en los ídolos de la juventud. España, una potencia de la deuda, la crisis y el fútbol.

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