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Manresa 2022 y el turismo religioso

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El turismo aporta riqueza a nuestra economía. Sí. ¿Pero cuánta? Depende del tipo de turismo. No es lo mismo un turismo masificado y de bajo poder adquisitivo, que deteriora la convivencia social y daña el entorno, que un turismo cualificado y de alto valor añadido. Cataluña ha pasado de recibir 7 millones de visitantes extranjeros a principios de los noventa a superar los 17 millones actuales. A pesar de este crecimiento exponencial, el gasto medio por turista ha caído por debajo de los 1.000 euros. Buena parte de los visitantes buscan sólo diversión descontrolada y low cost. La aportación del sector turístico al PIB catalán es de 15.000 millones de euros, una cifra respetable, pero muy inferior a los 60.000 millones que generan las exportaciones del sector industrial. Si consideramos las Baleares, por ejemplo, una comunidad especializada en el turismo, constatamos que ha perdido riqueza en términos comparativos. Su PIB per cápita era el 118% del de Aragón en 1992 y ahora sólo es el 95%. Al final, la riqueza la crean los sectores productivos que generan valor añadido y pagan bien su mano de obra, y nuestro turismo no es productivo y suele pagar poco.

Es necesario, por tanto, una reconversión de este motor auxiliar (que no principal) de la economía. Puede servirnos el ejemplo de países que han potenciado un turismo de mucha calidad, como Austria y Suiza, y que pagan muy bien a sus trabajadores. El número de visitantes que acogen no es demasiado elevado, pero el gasto diario del turista cultural que visita los palacios y museos austríacos y escucha las obras de Mozart y Haydn sí lo es. Por lo que hace referencia al mercado doméstico, el Bages (Manresa) aporta el 2% del PIB de Cataluña. Dentro de la actividad productiva, el sector industrial del Bages tiene un peso relativo superior y equivale al 3% del total catalán, mientras que el turismo sólo representa el 1,3%. Hay margen, por tanto, de crecimiento.

El hito de 2022, donde los manresanos rememoramos el quinto centenario de la estancia de Ignacio de Loyola en nuestra ciudad, debe servir para potenciar un turismo de calidad. Un turismo cultural y religioso, de matriz jesuítica, que espoleado por monumentos tan emblemáticos como la Cova y la Seu, encuentre en Manresa la acogida que permitió al santo penitente una transformación tan trascendental. La historia de Ignacio en Manresa es una historia de acogida, de hospitalidad y confraternidad. El cuenco de la sopa conservado en el museo de la Cova es el símbolo de esta acogida. Este turismo espiritual debería basarse más en la calidad que en la cantidad, más en el margen de beneficios que en la rotación de los activos y la expansión de las ventas a precios reducidos, más en la diferenciación del producto y el enfoque en un segmento de mercado que en el liderazgo en costes bajos. Naturalmente, se debería también crear vínculos sinérgicos con Montserrat o Sant Benet. Manresa, que en el marco de la crisis actual acusa un largo declive, debe aprovechar el hito de 2022 para reactivar su posición económica, social y cultural. Y recuperar aquella luz que tuvo en un lejano y esplendoroso siglo XIV, que es en sí misma un símbolo de identidad de la ciudad. La luz que nos remite a la espiritualidad y que ilustró a Ignacio junto al río Cardener. La luz de la Sèquia y de la Virgen del Alba.

La ciudad debe prepararse para recibir visitantes, ofreciéndoles la visita y descubrimiento de Manresa. Empezando por la Cueva, implicaría al menos tres puntos más: la Basílica de la Seu y la calle medieval del Balç, el Museo Comarcal (antiguo Colegio de San Ignacio) y Santo Domingo (antiguo convento de los Predicadores). Naturalmente, el turismo espiritual debería complementarse con una oferta cultural (promoción de conciertos, mejora del órgano de la Seu y construcción de un órgano con tubos para la Cueva), oferta enogastronómica variada y alojamiento. Ignacio de Loyola es el principal referente de proyección internacional de la ciudad, y debe formar parte de la identidad manresana, como mito que es de su historia. La conmemoración del 500 aniversario de su estancia en Manresa es una oportunidad que no se puede desaprovechar para el desarrollo integral de la ciudad y su posicionamiento estratégico en un mundo globalizado.

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