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La pequeña y mediana empresa

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Esta semana ha sido presentado por Pimec el anuario de la pyme catalana 2016. Es siempre importante conocer el estado de salud de la pequeña y mediana empresa, que supone la columna vertebral del tejido productivo de un país. No hay que olvidar que las pymes representan más del 99,8% del total de empresas de Cataluña (y España), que generan el 60,6% del valor añadido bruto privado y que suponen el 70% del total de empleo. La valoración global de Pimec es positiva, pero habría que ser prudentes y no pecar de optimismo ingenuo.

Cerrar el 2015 con un incremento del PIB en Cataluña del 3,4% (3,2% en el conjunto de España) no significa poder dar la crisis por finiquitada. El motor del crecimiento ha sido el impulso del consumo, tanto privado como público, acompañado con el crecimiento del déficit exterior. Y este no es una buena señal. Volver a vivir por encima de las posibilidades, relajando los esfuerzos para reducir la deuda pendiente, genera cuellos de botella en el tejido productivo que se resuelven con un crecimiento de las importaciones superior al de las exportaciones. La contribución del sector exterior al crecimiento vuelve a ser negativa. Lo ideal sería que el crecimiento se fundamentara en los motores de la inversión empresarial y las exportaciones. En el crecimiento económico, como en el colesterol, hay de bueno y malo. El crecimiento basado en la inversión empresarial y las exportaciones es bueno, pero lo que volvemos a experimentar, basado en el consumo y las importaciones, es malo, y mucho más aún cuando no es capaz de reducir el déficit público (-5,2% del PIB en España y -2,7% en Cataluña el 2015, cuando el límite era del -4,2% y -0,7% respectivamente) ni el paro (20,1% en España y 17,4% en Cataluña). Por sectores económicos, el que más crece es el de los servicios (de bajo valor añadido), vuelve a crecer la construcción (no necesariamente una buena señal si antes no se ha limpiado el mercado inmobiliario), la industria crece por debajo de la media (aún sin haber recuperado los niveles pre-crisis) y disminuye el sector primario.

El exceso de pequeñas empresas o, dicho de otro modo, la falta de grandes empresas no deja de ser también una debilidad del tejido productivo catalán. El tamaño medio de las pymes el 2014 en número de ocupados es de 3,5 personas por empresa, mientras que las pymes con asalariados, por su parte, tienen 6,7 ocupados de media, y las grandes empresas han visto aumentada su dimensión media hasta las 864 personas en el 2014. La empresa con una plantilla superior a 250 trabajadores es la más productiva y competitiva, la que mejor paga a sus trabajadores y la que accede de forma natural a los mercados internacionales. Las reivindicaciones de incrementos de salarios mínimos y equiparaciones retributivas a los estándares europeos deberían aclarar cómo pretenden aumentar la productividad del trabajo, porque de otra manera estarían poniendo el carro delante de los bueyes. Y la terca realidad es que la productividad por persona ocupada el 2014 ha disminuido un 2%.

El comportamiento de la rentabilidad financiera (beneficio neto sobre recursos propios) también es creciente en función de la dimensión empresarial: las microempresas se sitúan en el 2,3%, las pequeñas en el 5,1% y las medias en el 5,3 %. Rendimientos medios tan magros y reducidos, sin embargo, abren muchos interrogantes a la viabilidad financiera del grupo de empresas más endeudadas, especialmente cuando se recupere un tipo de interés positivo. Aproximadamente un 20% del total de pymes son zombis empresariales condenados a desaparecer si los tipos de interés abandonan el terreno negativo y retornan a la normalidad.

También afectará negativamente al rendimiento de las empresas el incremento de impuestos anunciado por Rajoy. Y es que una vez más, en contra de las promesas electorales recientes, Rajoy volverá a subir impuestos. Concretamente, aumentará el tipo mínimo del pago a cuenta del impuesto de sociedades. El objetivo de la medida es conseguir una recaudación adicional de 6.000 millones. La medida supone una subida efectiva del impuesto, ya que es un dinero que siempre estará en manos del Estado en vez de estar en manos de las empresas. Además, las empresas tienen que avanzar ahora un dinero que hasta ahora no preveían avanzar, lo que supone un esfuerzo adicional. El PP, en su programa electoral, prometía reducir el impuesto de sociedades para pymes un 10%, horizonte que ahora se aleja. Y así, con la ilimitada voracidad fiscal del Estado, la espada de Damocles continuará amenazando el día a día del cerca de medio millón de pequeñas y medianas empresas catalanas.

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