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El futuro de las pensiones

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La Audiencia Nacional ha condenado a los directivos de Afinsa, una empresa especializada en la inversión en sellos, por fraude piramidal. El engaño consistía en el compromiso adquirido por la empresa con los clientes estafados, de recomprar los sellos vendidos por el dinero invertido más una atractiva rentabilidad siempre superior a la del mercado financiero. Las víctimas son más de 190.000 ahorradores, que han perdido el dinero aportado para su jubilación. Y es que la empresa no invertía realmente en el mercado filatélico, sino que se limitaba a pagar los intereses con los ahorros provenientes de la captación de nuevos clientes. Los sellos tenían en realidad un valor ínfimo, muy inferior al valor de recompra estipulado en los contratos. El fraude piramidal, que tuvo lugar entre 1998 y 2006, se muestra abiertamente cuando una crisis de confianza impide la captación de nuevos clientes y derrumba definitivamente la pirámide.

Comparemos ahora el fraude de Afinsa con la situación de las pensiones de la Seguridad Social. En el sistema español, público y de reparto, las prestaciones que reciben los pensionistas beneficiarios provienen de las cotizaciones que pagan los trabajadores, pero este carácter piramidal queda diluido con la noble etiqueta de «solidaridad intergeneracional». En tiempos de vacas gordas y de burbuja financiera, los excedentes conseguidos se invirtieron íntegramente en deuda del Estado. El Fondo de Reserva acumulado, sin embargo, ha ido disminuyendo desde 64.000 millones a sólo 25.000. Las cotizaciones de los 18,3 millones de ocupados (26% con carácter temporal) no son suficientes para pagar 9,4 millones de pensiones (ratio inferior a 2:1). Cuando la hucha de las pensiones se agote en 2017, entonces, ¿debemos pensar que caerán drásticamente las pensiones? ¿Intervendrá la Audiencia Nacional la Seguridad Social? No, a corto plazo, sencillamente se crearán nuevos impuestos o/y se incrementarán los ya existentes para poder pagarlas. A largo plazo, las pensiones caerán a niveles de pura subsistencia. Por ahora, Rajoy ya prevé su investidura como presidente del Gobierno con un proyecto de pago, con cargo a los Presupuestos Generales del Estado (más impuestos), de 22.000 millones que es lo que cuestan las pensiones de viudedad y orfandad. El (mal) ejemplo a seguir es el de Francia, que creó un impuesto social (!) para financiar las pensiones y que grava todas las rentas.

El sistema de pensiones de España, uno de los más generosos (o caros, depende de como se mire) de entre los países ricos, es doblemente incompatible con el envejecimiento creciente de la población y las tasas de desempleo altísimas. Con datos de la OCDE, el sistema público español paga una media del 82% del último salario del trabajador, cuando la media internacional es de sólo el 69%. Únicamente Holanda nos supera con el 90,5%. La gran diferencia, sin embargo, es que en Amsterdam el 27% del importe de las pensiones proviene del sistema público de reparto (como España) y el otro 63,5% es de origen privado y capitalizado. Podemos llegar a estar de acuerdo en la conveniencia de que el sistema público asegure un mínimo de subsistencia para todos, pero dejando al individuo que haga lo que quiera con el resto de su dinero y de sus salarios, invirtiendo en los mercados que considere más apropiados. ¿Por qué no dar un margen de libertad a la inversión privada, ya sea en planes de pensiones, planes de empresa o inversión libre en Bolsa? ¿Tan intolerablemente liberal es esta propuesta? Miremos cuál es la situación internacional entre los países de la OCDE:

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Fuente: Pensions at a glance (OCDE)

Constatamos que muchos países, entre ellos los más avanzados, contemplan la capitalización privada de las pensiones: Australia, Bélgica, Canadá, Chile, Dinamarca, Estonia, Alemania, Irlanda, Islandia, Israel, México, Holanda, Nueva Zelanda, Noruega, Eslovaquia, Suecia, Suiza, Reino Unido y EEUU.

Los únicos, como España, que lo confían todo al 100% en el reparto público son Austria, Chequia, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Italia, Japón, Corea, Luxemburgo, Polonia, Portugal, Eslovenia y Turquía. En total, 13 de 34, una minoría.

Tenemos la suerte de vivir mucho, es cierto. España es el país con la esperanza de vida más alta del mundo, después de Japón (81 años los hombres, 86 años las mujeres). Pero, ¿Qué nos depara el futuro? ¿Como nos mantendremos en la vejez? ¿Con qué recursos? A corto plazo, pocos cambios. No los esperamos ni del PP ni del PSOE. El 60% de los votantes del partido conservador de Mariano Rajoy tienen más de 55 años. Y en el caso del partido socialista de Pedro Sánchez es el 54%. Ninguno de los dos se atreverá a levantar un dedo contra los pensionistas. Las pensiones de jubilación continuarán incrementando cada año, poco, es verdad, sólo un 0,5%, pero incrementando. En cambio, los sueldos que financian las pensiones en muchos casos disminuyen. La pensión de jubilación media es de 1.041 euros mensuales, mientras que más de 3 millones de asalariados no llegan a percibir esta cantidad, son submileuristas, y el 15,5% de las mujeres trabajadoras cobra menos de 665 euros mensuales.

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Fuente: Pensions at a glance (OCDE)

Los cambios, sin embargo, tendrán que producirse inevitablemente a largo plazo. Y es que las finanzas de la Seguridad Social deben cumplir una ecuación contable fundamental:

 

(1) Número de Pensionistas  *  (2) Pensión Media

=

(3) Número de Empleados  *  (4) Salario Medio  *  (5) % Cotizaciones Sociales +  (6) Otros Ingresos

 

(1) Número de Pensionistas: en 2013 España tenía 8,3 millones de personas mayores de 65 años (17,9% de su población) y 2,6 millones de mayores de 80 años (5,6%). En 2050 serán 15,1 millones (33,3% del total) y 5,8 millones (12,7%) respectivamente.

(2) Pensión Media: en diciembre de 2005, la pensión media de jubilación era de 686,61 euros. Ahora es de 1.041 euros. Es una subida equivalente al 51,6%, aunque el IPC en estos once años ha incrementado sólo un 18,5%.

(3) Número de Empleados: la población entre 15 y 64 años pasará de 31,1 millones en 2013 a 24,3 millones en 2050. Esto no quiere decir que caiga el número de trabajadores, porque podría subir el porcentaje de la población que tiene un empleo. En este sentido, la tasa de actividad y la tasa de empleo en España están muy por debajo de las de otros países europeos (la tasa de paro es muy superior).

(4) Salario Medio: en 2005, el salario medio en España ascendía a 18.677 euros. En 2013, último año en que el INE ofrece datos, había subido a 22.698 euros. Implica una subida del 21%. El IPC en este periodo ascendió un 18,9%.

(5) % Cotizaciones Sociales: en estos momentos, los trabajadores españoles pagan más del 36% del coste laboral no salarial a la Seguridad Social (30% a cargo del empresario y 6,35% a cargo del trabajador).

(6) Otros Ingresos: actualmente provienen del Fondo de Reserva acumulado. Cuando se agote el fondo deberán establecerse nuevos impuestos (financiación de las pensiones mediante los Presupuestos Generales).

Desgraciadamente, por tanto, con la crisis demográfica y el alto paro estructural de España, todo hace pensar que tendremos que afrontar los últimos tramos de nuestra vida con grandes penurias y pensiones de pura subsistencia. Los datos demográficos de la población española nos indican que el número de pensionistas incrementará y que la población en edad de trabajar disminuirá. Que el salario promedio no tendrá grandes aumentos, ya que a largo plazo tiende a incrementar en función de la productividad del trabajo, donde España ofrece crónicamente unos registros pobres y lamentables. Las cotizaciones sociales en España ya son unas de las más elevadas del mundo occidental y tienen pocas probabilidades de incrementarse. El cumplimiento de la ecuación, por lo tanto, pasa inexorablemente por reducir drásticamente las pensiones futuras. Y, también, por complementar su financiación con la imposición de nuevas figuras tributarias. Cuando llegue el día, sin embargo, los actuales gobernantes, habiéndose agenciado el cobro blindado de planes de pensiones millonarios (privados y de capitalización), se lo mirarán con displicencia desde sus lujosas residencias, amonestándonos con tono de autosuficiencia que ellos ya lo habían predicho.

Recordemos y enumeremos brevemente cuáles son los problemas del actual sistema de pensiones español, público y de reparto, dejando de lado su carácter piramidal:

Primero. El sistema de pensiones está potencialmente en quiebra.

Segundo. La tasa de retorno es muy baja. El rendimiento que se obtiene de los pagos a la Seguridad Social podría aumentar. El actual sistema no es eficiente desde un punto de vista financiero.

Tercero. El actual sistema tiene efectos negativos sobre el crecimiento económico y el desarrollo social. Reduce el nivel de ahorro, repercutiendo desfavorablemente sobre la inversión, la producción y el empleo.

Cuarto. El actual sistema perjudica la población pobre. La población rica comienza a trabajar relativamente más tarde que la población con menos recursos y su esperanza de vida es superior. Esto hace que los ricos coticen menos años que los pobres, pero que cobren posteriormente durante más tiempo las pensiones.

Quinto. El actual sistema perjudica la población masculina. La esperanza de vida de las mujeres supera en cinco años la de los hombres. Por tanto, el género femenino cobrará las pensiones más años que su complementario masculino.

Sexto. El actual sistema perjudica la población joven. Dada la tendencia demográfica, los jóvenes tendrán que pagar más y cobrar menos que sus antecesores.

Séptimo. El actual sistema perjudica determinados colectivos. Personas que mueran en torno a los 65 años (o antes) pagarán mucho y cobrarán poco. Así, un fumador activo (o pasivo) que muera de cáncer de pulmón a los 65 años habrá cotizado toda su vida, pero se verá privado de su pensión.

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