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Archive for gener de 2016

Del (des)gobierno al (no)gobierno

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Cinco semanas después de las elecciones del 20 de diciembre, la política española continúa sin desatascar el nombre del próximo presidente y de su gobierno. ¿Preocupante? No necesariamente. No debemos confundir el no-gobierno con el desgobierno. ¿Afecta ello negativamente a la buena marcha de los negocios? Tampoco, aunque Ana Botín, presidenta del Banco Santander, admite que “suena menos el teléfono que hace dos meses” y señala que “cuanto antes se forme gobierno, mejor”. Reconoce implícitamente, por tanto, la direccionalidad política que tiene la concesión de algunos créditos del sistema bancario y acredita las relaciones simbióticas entre el poder político y el financiero. Sin embargo, la mayoría de negocios continúan desarrollando su actividad con toda normalidad, al margen y ajenos a la indefinición del ejecutivo central.

Un gobierno no es ninguna garantía de reactivación y tampoco tiene ninguna varita mágica para obrar milagros. Bélgica estuvo un año y medio sin gobierno. ¿Significó esto una gran hecatombe? ¿Se sumió el país en el caos y la anarquía? En absoluto. La ciudadanía belga continuó con sus vidas, logrando reducir el paro y el déficit público, y aumentando el PIB y la renta per cápita. También Bangladesh ha pasado de ser un desastre de hambre, muerte, inundaciones y ciclones a estar entre los mejores de la región. ¿Ha sido gracias a sus políticos y a un Estado que funcionara bien y con administraciones eficientes? No. ¿Ha sido gracias a las limosnas, los subsidios públicos o la ayuda exterior? Tampoco. Ha sido gracias al espíritu emprendedor de los ciudadanos de Bangladesh, el talento y la disciplina de sus jóvenes, el esfuerzo y el sacrificio de la población.

Por poner un ejemplo a escala local de cómo la acción de gobierno puede atemorizar a la inversión y perjudicar la actividad económica, podemos leer en el blog oficial de la alcaldesa de Barcelona que el ayuntamiento “tiene un plan de ciudad de largo alcance (que costará 150 millones de euros) para asegurarnos de que sólo haya una Barcelona y no dos (la de los ricos y la de los pobres)”. Estas proclamas políticas están muy bien para ganarse el apoyo popular, pero son más problemáticas al tener que concretar ganadores y perdedores, el quién y cuánto tendrá que pagar. Los recargos tributarios y el reparto discrecional del gasto público son decisiones políticas partidistas y no resultados matemáticos derivados de fórmulas exactas y razonamientos impolutos. Por mucho que las políticas se justifiquen en términos de cuantificación objetiva de diferencias de renta, el problema de fondo no es aritmético, sino político. Para redistribuir la renta, antes hay que haberla producido. Primero hay que trabajar y generar ingresos, y después se puede hablar de redistribución. No al revés.

Por tanto, más que la constitución de un nuevo gobierno, lo que realmente importa es conseguir un marco de interacción social libre y justo, estable y predecible, que permita el empleo y la actividad productiva. Y para eso no es imprescindible el ejercicio del poder político. Bélgica y Bangladesh son ejemplos que lo avalan. George Washington nos recordaba que el gobierno no se caracteriza por el uso de la razón, sino de la fuerza. Que es un servidor peligroso y un amo temible, y que nunca se debe permitir que manos irresponsables lo controlen. En palabras de Thomas Jefferson, el mejor gobierno es el que menos gobierna. Y el que menos gobierna… Es el que no gobierna.

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Del (des)govern al (no)govern

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Cinc setmanes després de les eleccions del 20 de desembre, la política espanyola continua sense desencallar el nom del proper president i del seu govern. Preocupant? No necessàriament. No hem de confondre el no-govern amb el desgovern. Afecta negativament la bona marxa dels negocis? Tampoc, tot i que Ana Botín, presidenta del Banc Santander, admet que “sona menys el telèfon que fa dos mesos” i assenyala que “com més aviat es formi govern, millor”. Reconeix implícitament, per tant, la direccionalitat política que té la concessió d’alguns crèdits del sistema bancari i acredita les relacions simbiòtiques entre el poder polític i el financer. Tanmateix, la majoria de negocis continuen desenvolupant la seva activitat amb tota normalitat, aliens a la indefinició de l’executiu central.

Un govern no és cap garantia de reactivació i tampoc té cap vareta màgica per obrar miracles. Bèlgica va estar un any i mig sense govern. Va significar això una gran hecatombe? En absolut. La ciutadania belga va continuar amb les seves vides, aconseguint reduir l’atur i el dèficit públic, i augmentant el PIB i la renda per càpita. També Bangla Desh ha passat de ser un desastre de fam, mort, inundacions i ciclons a estar entre els millors de la regió. Ha estat gràcies als seus polítics i a un Estat que funcionés bé i amb administracions eficients? No. Ha estat gràcies a les almoines, els subsidis públics o l’ajuda exterior? Tampoc. Ha estat gràcies a l’esperit emprenedor dels ciutadans i ciutadanes de Bangla Desh, el talent i disciplina dels seus joves, l’esforç i el sacrifici de la població.

Per posar un exemple a escala local de com l’acció de govern pot atemorir la inversió, podem llegir al blog oficial de l’alcaldessa de Barcelona que l’ajuntament “té un pla de ciutat de llarg abast (que costarà 150 milions d’euros) per assegurar-nos que només hi hagi una Barcelona i no dues (la dels rics i la dels pobres)”. Aquestes proclames polítiques estan molt bé per guanyar-se el suport popular, però són més problemàtiques al concretar guanyadors i perdedors, el qui i quant haurà de pagar. Els recàrrecs tributaris i el repartiment discrecional de la despesa pública són decisions polítiques partidistes i no pas resultats matemàtics derivats de fórmules exactes. Per molt que les polítiques es justifiquin en termes de quantificació objectiva de diferències de renda, el problema de fons no és aritmètic, sinó polític. Per redistribuir la renda, abans cal haver-la produït. Primer s’ha de treballar i generar ingressos, i després es pot parlar de redistribució. No a l’inrevés.

Per tant, més que la constitució d’un nou govern, el que realment importa és aconseguir un marc d’interacció social lliure i just, estable i predictible, que permeti l’ocupació i l’activitat productiva. I per això no és imprescindible l’exercici del poder polític. Bèlgica i Bangla Desh en són exemples que ho avalen. George Washington ens recordava que el govern no es caracteritza per l’ús de la raó, sinó de la força. Que és un servidor perillós i un amo temible, i que mai s’ha de permetre que mans irresponsables el controlin. Dit en paraules de Thomas Jefferson, el millor govern és el que menys governa. I el que menys governa és el que no governa.

Las funestas predicciones económicas

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Un mal economista es aquel que se pasa media vida haciendo previsiones del futuro y la otra media justificándose por no haberse cumplido sus predicciones. Un caso histórico sonado es el de Irving Fisher, el economista estadounidense que puso las bases del monetarismo, cuando unos días antes del Crac de 1929 tuvo la mala suerte de asegurar que los precios de las acciones habían alcanzado unos niveles estables y permanentes. Pocos días después llegaría el pánico bursátil y la Gran Depresión. Algo parecido ocurre con las predicciones anuales del Fondo Monetario Internacional (FMI), con el agravante de que estas se deben desmentir cada año. A título anecdótico, el FMI pronostica para España un crecimiento del 2,7% en 2016 y del 2,3% en 2017. Es un crecimiento superior al de la zona euro y Alemania (1,7%), similar al de EEUU (2,6%) e inferior al mundial (3,5%). La credibilidad que tiene, insistimos, es nula. En abril del 2008 el FMI preveía que el PIB español crecería en 2009 un 1,66% y, en realidad, cayó un 3,7%. Y en 2012 preveía que en 2013 crecería un 0,125%, pero cayó un 1,2%.

Lo que sí es una realidad cuantificable, en estos inicios de año, es la fuerte caída de la bolsa, afectada por la incertidumbre internacional y la desaceleración económica de China, que ya nota los letales efectos de la creación de dinero y crédito. La resaca puede ser colosal, abortando cualquier atisbo de recuperación global. También se constata el crecimiento de la desigualdad. La renta media de los catalanes sigue siendo inferior a los niveles de antes de la crisis de 2008 y en el caso particular de Barcelona, ​​con resultados fácilmente extrapolables, el incremento de la desigualdad se traduce en que una familia de Pedralbes tenga un nivel de renta 7,2 veces superior al de una familia de Trinitat Nova. En definitiva, que la gran mayoría de la población ve como disminuye su renta, pudiendo llegar a episodios graves de pobreza aguda, mientras que una minoría elitista mejora sustancialmente. Y lo más escandaloso es que no lo hacen por méritos propios, sino por conexiones privilegiadas con la oligarquía política y financiera.

Algunos representantes de estos últimos se encuentran en Davos donde, con lujo y marcada ostentación, vuelven a hablar con pedantería del futuro y de lo que llaman cuarta revolución industrial. Tras la primera mecanización y de la máquina de vapor, después de la producción en cadena de Henry Ford y de la electricidad, después de la informática e Internet, ahora sería el turno de la robotización de los puestos de trabajo, con el desplazamiento de la mano de obra menos cualificada que esto conlleva. Hablar en estos términos es un ejercicio de economía-ficción, muy propio de diletantes y de visionarios llenos de sí mismos. Primero, no está claro que la informática e Internet se hayan traducido en aumentos de productividad sostenidos y significativos, alcanzando la categoría de tercera revolución industrial. Robert Gordon, profesor de la Northwestern University, sostiene que Internet puede haber cambiado el modelo de consumo, pero que no se ha traducido en incrementos del valor de la producción ni ha aumentado el nivel de vida de la sociedad. De hecho, lo considera mucho menos importante que los avances técnicos que Thomas Alba Edison, entre otros, hicieron durante los primeros años del siglo XX. En segundo lugar, porque extensas zonas de la península ibérica (entre otras) no han tenido, en pleno siglo XXI, ni la más incipiente industrialización. Ninguna revolución industrial ha afectado su modo de vida. La única revolución económica que han conocido sus antecesores es la del Neolítico, en el 9000 a.C., con la aparición de la agricultura y la primera división del trabajo. No saben lo que es un telar mecánico y, menos aún, el uso productivo del ordenador, que se limita a ser el soporte de los juegos virtuales y los chismes de Facebook.

Donde todas las predicciones sí coinciden es en destacar que el paro seguirá siendo el principal cáncer de España, con cifras superiores al 20%, elevada precariedad laboral y baja productividad del trabajo. La Organización Internacional del Trabajo (OIT), en su informe sobre las perspectivas sociales y del empleo en el 2016, sitúa el paro de España en el 21,5% en 2016 y el 21,3% en 2017. Las proyecciones de crecimiento del empleo son aún más pesimistas: bajo incremento del 0,9% en 2016 y 0% en 2017. En palabras del jefe del departamento de investigación de la OIT, Raymond Torres, España necesitará más de 10 años para volver a los niveles de desempleo precrisis, que ya eran excepcionalmente elevados. Por otra parte, la tercera parte de los contratos laborales seguirán siendo precarios, temporales o a tiempo parcial. Cualquier acción de gobierno debería considerar la lucha contra el paro como la primera prioridad política. Un país donde los jóvenes, depositarios de elevados niveles de inversión pública, tengan que emigrar forzosamente no tiene ningún futuro. Conseguir sólo un paro friccional del 4 o 5% no es ninguna casualidad. Es el resultado de las políticas de países como Dinamarca o Suiza, Alemania u Holanda. Rebajar el coste de la contratación, especialmente de las cotizaciones sociales a cargo de la empresa, y permitir la libertad de contratación entre el empresario y el trabajador no debería ser ninguna utopía ni heroicidad, sino la normalidad de un país que se propone avanzar y salir de la crisis trabajando.

Funestes prediccions econòmiques

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Un mal economista és aquell que es passa mitja vida fent previsions del futur i l’altra mitja justificant-se per no haver-se complert les seves prediccions. Un cas històric sonat és el d’Irving Fisher, l’economista nord-americà que va posar les bases del monetarisme, quan pocs dies abans del Crac del 1929 va tenir la mala sort d’assegurar que els preus de les accions havien assolit uns nivells estables i permanents. Pocs dies després arribaria el pànic borsari i la Gran Depressió. Quelcom semblant passa amb les prediccions anuals del Fons Monetari Internacional (FMI), amb l’agravant que aquestes s’han de desmentir cada any. A títol anecdòtic, l’FMI pronostica, per Espanya, un creixement del 2,7% el 2016 i del 2,3% el 2017. És un creixement superior al de la zona euro i Alemanya (1,7%), similar al dels EUA (2,6%) i inferior al mundial (3,5%). La credibilitat que té, insistim, és nul·la. L’abril del 2008 l’FMI preveia que el PIB espanyol creixeria el 2009 un 1,66% i, en realitat, va caure un 3,7%. I el 2012 preveia que el 2013 creixeria un 0,125%, però va caure un 1,2%.

El que sí és una realitat quantificable, en aquests inicis d’any, és la forta caiguda de la borsa, afectada per la incertesa internacional i la desacceleració de la Xina, que ja nota els efectes de la creació de diners i crèdit. La ressaca pot ser colossal, abortant qualsevol indici de recuperació global. També es constata el creixement de la desigualtat. La renda mitjana dels catalans continua sent inferior als nivells d’abans de la crisi del 2008 i en el cas de Barcelona, amb resultats fàcilment extrapolables, l’increment de la desigualtat es tradueix en què una família de Pedralbes tingui un nivell de renda 7,2 vegades superior al d’una família de Trinitat Nova. En definitiva, que la gran majoria de la població veu com disminueix la seva renda, podent arribar a episodis greus de pobresa aguda, mentre que una minoria elitista millora substancialment. I el més escandalós és que no ho fan per mèrits propis, sinó per connexions privilegiades amb l’oligarquia política i financera.

Alguns representants d’aquests darrers es troben a Davos on, amb luxe i marcada ostentació, tornen a parlar amb pedanteria del futur i del que anomenen quarta revolució industrial. Després de la primera mecanització i de la màquina de vapor, després de la producció en cadena de Henry Ford i de l’electricitat, després de la informàtica i Internet, ara seria el torn de la robotització dels llocs de treball, amb el desplaçament de la mà d’obra menys qualificada que això significa. Parlar en aquests termes és un exercici d’economia-ficció. Primer, perquè no està clar que la informàtica i Internet s’hagin traduït en augments de productivitat sostinguts i significatius. Robert Gordon, professor de la Northwestern University, sosté que Internet pot haver canviat el model de consum, però que no s’ha traduït en increments del valor de la producció ni ha augmentat el nivell de vida de la societat. De fet, el considera molt menys important que els avenços tècnics que Thomas Alba Edison, entre altres, van fer durant els primers anys del segle XX. En segon lloc, perquè extenses zones d’Espanya no han tingut, en ple segle XXI, ni la més incipient industrialització. L’única revolució que han conegut és la del Neolític, del 9.000 a.C., amb l’aparició de l’agricultura i la primera divisió del treball. No saben el que és un teler mecànic i, encara menys, l’ús productiu de l’ordinador, que es limita a ser el suport dels jocs virtuals i les xafarderies de Facebook.

On totes les prediccions sí coincideixen és en destacar que l’atur continuarà sent el principal càncer d’Espanya, amb xifres superiors al 20%, elevada precarietat laboral i baixa productivitat del treball. L’OIT, en el seu informe sobre les perspectives socials i de l’ocupació en el 2016, situa l’atur d’Espanya en el 21,5% el 2016 i el 21,3% el 2017. Les projeccions de creixement de l’ocupació són encara més pessimistes: baix increment del 0,9% el 2016 i 0% el 2017. En paraules del cap del departament d’investigació, Raymond Torres, Espanya necessitarà més de 10 anys per tornar als nivells d’atur pre-crisi, que ja eren excepcionalment elevats. Per altra banda, la tercera part dels contractes laborals continuaran sent precaris, temporals o a temps parcial. Qualsevol acció de govern hauria de considerar la lluita contra l’atur com la primera prioritat política. Un país on els joves, dipositaris d’elevats nivells d’inversió pública, hagin d’emigrar forçosament no té futur. Aconseguir només un atur friccional del 4 o 5 % no és cap xiripa. És el resultat de les polítiques de països com Dinamarca o Suïssa, Alemanya o Holanda. Rebaixar el cost de la contractació, especialment de les cotitzacions socials a càrrec de l’empresa, i permetre la llibertat de contractació entre l’empresari i el treballador no hauria de ser cap utopia ni heroïcitat, sinó la normalitat d’un país que es proposa avançar i sortir de la crisi treballant. 

El sistema bancario europeo

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Suiza, el próspero país centroeuropeo que disfruta del sistema financiero más estable del mundo y de una de las divisas más sólidas, decidirá en referéndum si quiere seguir teniendo una banca con sistema de reserva fraccionaria. 99 de cada 100 españoles desconoce qué significa esto (me refiero a la reserva fraccionaria). Actualmente, los bancos de la eurozona están obligados a mantener en caja sólo el 1% del dinero depositado por sus clientes. Cuando un trabajador ingresa la nómina de 1.000 euros en su cuenta corriente, el banco tiene la posibilidad legal de custodiar en caja sólo 10 euros, mientras que los restantes 990 los puede invertir a largo plazo, por ejemplo, concediendo una hipoteca. Estos 990 euros se ingresarán en otro banco que hará lo mismo. Dejará 10 euros en caja y los 980 restantes los volverá a prestar para financiar, por ejemplo, la compra de un coche. Este proceso significa que los bancos comerciales, en la práctica, tienen poderes para multiplicar el crédito y la oferta monetaria. Los 1.000 euros iniciales de la nómina, contrapartida monetaria de un esfuerzo productivo real, se habrán convertido, al final del proceso descrito, en 100.000 euros. De éstos, 99.000 es puro dinero virtual que no existe realmente. Solo 1.000 euros son reales.   Concretamente, cada euro que entra en el sistema bancario se puede llegar a multiplicar por cien. Este privilegio bancario tiene importantes consecuencias prácticas.

En primer lugar, sólo una pequeña fracción de nuestros depósitos bancarios son reintegrables a la vista. Si queremos retirar todo nuestro dinero, tenemos que avisar con suficiente antelación para que el banco pueda preverlo. Pensemos en el personaje entrañable de George Bailey, el protagonista de la película It’s a wonderful life (1946), cuando debe superar el pánico financiero de sus clientes, que quieren retirar los fondos que han sido invertidos a largo plazo en la construcción de viviendas sociales.

En segundo lugar, se permite expandir el crédito bancario desvinculándolo totalmente del ahorro. Los bancos tienen una gran capacidad para financiar inversiones erróneas, iniciar burbujas financieras y generar una deuda que no se podrá devolver con el escaso ahorro existente.

En tercer lugar, este privilegio genera especulación y mucha inestabilidad en el sistema financiero. Lo que votarán los suizos en los próximos 18 meses, conocido como la iniciativa Vollgeld, es acabar con este privilegio y obligar a los bancos a mantener un coeficiente de reserva del 100%. Esto acabaría con los pánicos bancarios y los corralitos, ya que los bancos custodiarían el 100% de nuestros saldos en cuentas corrientes, ofreciendo los habituales servicios de gestión de caja a cambio del pago de comisiones. La concesión de crédito no se anularía, pero sí se reduciría, ya que el banco podría continuar prestando sus fondos propios y la deuda adquirida a largo plazo. Está por ver cuál será el resultado del referéndum en Suiza.

Con respecto a la eurozona, y desde el 1 de enero, ya está en marcha el Mecanismo Único de Resolución Bancaria, esto es, el mecanismo para recapitalizar o liquidar una entidad financiera. A partir de ahora, los costes del rescate bancario no recaerán sobre los contribuyentes, sino, como debería haber sido desde el primer día, sobre los accionistas, los tenedores de bonos (junior y senior), las imposiciones superiores a 100.000 euros , los fondos de rescate nacional y, finalmente, los recursos de ámbito supranacional. Se excluyen, por tanto, los depósitos inferiores a 100.000 euros. También se constituye un fondo mancomunado de recursos europeos, provenientes del sector bancario en proporción a su dimensión y riesgo, que respondería de los rescates. Esta regulación, impulsada por Angela Merkel, es la correcta (el bail-in en lugar del bail-out) y nos hace avanzar en la buena dirección. Se debería haber implantado antes, es cierto, pero mejor tarde que nunca. Y nunca sería la realidad si hubiera dependido de la voluntad de las autoridades políticas españolas.

El posible establecimiento del coeficiente de reserva bancaria del 100% (en Suiza) y la puesta en marcha del Mecanismo Único de Resolución Bancaria (en la eurozona) son dos señales positivas que conviven, en este inicio de año, en medio de un océano de turbulencias financieras. Nada podemos hacer contra la burbuja que parece haber estallado en China. Nada podemos hacer si la Reserva Federal de EEUU decide subir o disminuir los tipos de interés. Nada podemos hacer contra los conflictos políticos y militares que estallan en otros continentes. Podemos contribuir a construir, eso sí, con gravosas restricciones y múltiples amenazas de todo tipo, una UE menos decadente (ya no digo más próspera), más eficiente económicamente y cohesionada socialmente.

Banca Europea

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Suïssa, el pròsper país centreeuropeu que gaudeix del sistema financer més estable del món i d’una de les divises més sòlides, decidirà amb referèndum si vol continuar tenint una banca amb sistema de reserva fraccionària. 99 de cada 100 espanyols desconeix què significa això (em refereixo a la reserva fraccionària). Actualment, els bancs de l’eurozona estan obligats a mantenir en caixa només l’1% dels diners dipositats pels seus clients. Quan un treballador ingressa la nòmina de 1.000 euros en el seu compte corrent, el banc té la possibilitat legal de custodiar a caixa només 10 euros, mentre que els restants 990 els pot invertir a llarg termini, per exemple, concedint una hipoteca. Aquests 990 euros s’ingressaran en un altre banc que farà el mateix. En deixarà 10 a caixa i 980 els tornarà a prestar per finançar, posem per cas, la compra d’un cotxe. Aquest procés significa que els bancs comercials, a la pràctica, tenen poders per multiplicar el crèdit i l’oferta monetària. Concretament, cada euro que entra en el sistema bancari es pot arribar a multiplicar per cent. Aquest privilegi bancari té importants conseqüències pràctiques.

En primer lloc, només una petita fracció dels nostres dipòsits bancaris són reintegrables a la vista. Si volem retirar tots els nostres diners, hem d’avisar amb suficient antelació per tal que el banc ho pugui preveure. Pensem en el personatge entranyable de George Bailey, el protagonista de la pel·lícula It’s a wonderful life (1946), quan ha de superar el pànic financer dels seus clients, que volen retirar uns diners que han estat invertits a llarg termini en la construcció d’habitatges socials.

En segon lloc, es permet expandir el crèdit bancari desvinculant-lo totalment de l’estalvi. Els bancs tenen una gran capacitat per finançar inversions errònies, iniciar bombolles financeres i generar un deute que no es podrà tornar amb l’escàs estalvi existent.

En tercer lloc, aquest privilegi genera especulació i molta inestabilitat en el sistema financer. El que votaran els suïssos en els propers 18 mesos, conegut com la iniciativa Vollgeld, és acabar amb aquest privilegi i obligar els bancs a mantenir un coeficient de reserva del 100%. Això acabaria amb els pànics bancaris i els “corralitos”, ja que els bancs custodiarien el 100% dels nostres saldos en comptes corrents, oferint els habituals serveis de gestió de caixa a canvi del pagament de comissions. La concessió de crèdit no s’anul·laria, sinó que només es reduiria, ja que el banc podria continuar prestant els seus fons propis i el deute adquirit a llarg termini. Esperem a veure quin serà el resultat del referèndum a Suïssa.

Pel que fa a l’eurozona, i des de l’1 de gener, ja està en marxa el Mecanisme Únic de Resolució Bancària, això és, el mecanisme per recapitalitzar o liquidar una entitat financera. A partir d’ara, els costos del rescat bancari no recauran sobre els contribuents, sinó, com hauria d’haver estat des del primer dia, sobre els accionistes, els tenidors de bons (júnior i sènior), les imposicions superiors a 100.000 euros, els fons de rescat nacional i, finalment, els recursos d’àmbit supranacional. S’exclouen, per tant, els dipòsits inferiors a 100.000 euros. També es constitueix un fons mancomunat de recursos europeus, provinents del sector bancari en proporció a la seva dimensió i risc, que respondria dels rescats. Aquesta regulació, impulsada per Angela Merkel, és la correcta (bail-in i no pas bail-out) i ens fa avançar en la bona direcció. S’hauria d’haver implantat abans, és cert, però millor tard que mai. I mai seria la realitat si hagués depès de la voluntat de les autoritats polítiques espanyoles.

El possible establiment del coeficient de reserva bancària del 100% (a Suïssa) i la posada en marxa del Mecanisme Únic de Resolució Bancària (a l’eurozona) són dos senyals positius que conviuen, a l’inici del nou any, enmig d’un oceà de turbulències financeres. No podem fer res contra la bombolla que sembla haver esclatat a la Xina. No podem fer res si la Reserva Federal dels EUA decideix apujar o disminuir els tipus d’interès. No podem fer res amb els conflictes polítics i militars que esclaten en altres continents. Podem contribuir a construir, això sí, amb gravoses restriccions i múltiples amenaces de tot tipus, una UE menys decadent (ja no dic més pròspera), més eficient econòmicament i cohesionada socialment.

¿Feliz 2016?

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Las acostumbradas proclamas y designios de prosperidad y felicidad para este 2016 quedan ya atrás, y la realidad continúa inexorable sin entender de buenos deseos. Las predicciones de organismos gubernamentales como el FMI siempre son demasiado optimistas y terminan incumpliéndose. Fue así cuando pronosticó un crecimiento global del 3,5% en 2015 y es muy probable que se vuelva a equivocar este 2016. Entre 2003 y 2007, el comercio mundial aumentó un 8% anual y se convirtió en un motor del crecimiento del PIB, que lo hizo a una media del 4,5%. Actualmente, en cambio, el comercio internacional se ha ralentizado. Crece sólo el 2% anual, aproximadamente lo mismo que la producción mundial.

Las devaluaciones competitivas y las políticas de empobrecimiento del vecino (beggar thy neighbour) o de defensa de la producción nacional han dañado la confianza internacional. La drástica reducción del comercio, mediante las tarifas arancelarias de la ley Smoot-Hawley, fue una de las causas que empeoró el crack de 1929, lo convirtió en una gran depresión internacional y dificultó la recuperación. Si bien es cierto que, con la crisis de 2008, se ha evitado, de momento, establecer aranceles unilateralmente, no lo es menos que las políticas monetarias ultraexpansivas de depreciación de la moneda y la protección de los mercados oligopolísticos nacionales han creado un clima de incertidumbre y desconfianza que perjudican el libre comercio y posponen la salida definitiva de la crisis.

La productividad crece lentamente (ver los trabajos de Robert Gordon, Northwestern University) y los tímidos avances se distribuyen de manera muy desigual entre la población. Una minoría vinculada al sector financiero y los monopolios protegidos por el Estado mejoran sustancialmente, mientras que una mayoría permanece atrapada en un bucle sin salida de trabajos precarios y sueldos submileuristas. La debilitada clase media se va reduciendo y la sociedad se polariza.

China, una pieza central del comercio mundial, que inundaba el mundo con exportaciones baratas y ejercía al mismo tiempo una fuerte demanda importadora, está sufriendo una fuerte desaceleración y el pinchazo de su burbuja amenaza con crear nuevas turbulencias financieras internacionales. La paulatina subida de los tipos de interés en EE.UU. significará la movilización masiva de muchos capitales que, buscando el rendimiento más elevado, desestabilizarán las economías emergentes.

Tampoco Europa, a pesar del buen liderazgo de Alemania, está en mejor situación. Los ataques terroristas y la crisis de los refugiados están reintroduciendo los controles fronterizos entre Estados, convirtiendo los acuerdos de Schengen en papel mojado. La radicalización política, tanto por la derecha (Frente Nacional neofascista de Marine Le Pen) como por la izquierda (Podemos y Syriza neomarxistas de Pablo Iglesias y Alexis Tsipras), amenaza con romper la UE. El descontrol financiero de Grecia volverá a poner sobre la mesa la posible disolución del euro, sin olvidar que Gran Bretaña tiene pendiente una votación para salir de la UE.

Las crisis financieras, inherentes a un sistema de planificación monetaria centralizada mediante los Bancos Centrales, no son fáciles de solucionar. Los errores cometidos durante la etapa de euforia son tan brutales, que hay que liquidar muchas inversiones erróneas y sanear la deuda contraída para volver a empezar de manera saneada (justamente lo que están haciendo las familias y las empresas, pero no el Estado). Se ha sometido la economía a un proceso muy intenso de alcoholización y hay que romper la dependencia etílica. Desgraciadamente, los gobiernos no lo entienden así, y optan por pretender la curación a base de más alcohol y más droga, esto es, más creación de moneda a interés cero y más deuda pública. Peor que eso, los políticos son cautivos de los intereses creados y del statu quo. En palabras de Jean-Claude Juncker, ¿qué político volvería a ganar unas elecciones si adoptara las medidas necesarias de rigor fiscal y monetario? Para recuperarse del crack de 1929 fueron necesarios 17 años (incluida la Segunda Guerra Mundial). Nada hace prever que, después de 8 años de haber iniciado la gran recesión de 2008, podamos darla por concluida este 2016.